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La mujer sin nombre

Mario Vargas Llosa

Mi nombre ya no s√© cu√°l es, se me ha olvidado con los a√Īos.¬† Porque, ah√≠ donde ustedes me ven, soy una mujer viej√≠sima.¬† Tampoco recuerdo qu√© edad tengo, pero eso ¬Ņa qui√©n le importa?¬† Lo que importa es que aqu√≠, en Paucartambo, nac√≠, y que aqu√≠ me morir√©, si es que alg√ļn d√≠a me muero.¬† Porque, a veces,¬† pienso que el Santo Dios me ha hecho vivir tanto porque quiere que yo sea inmortal, como √Čl.

El sombrero que llevo en la mano izquierda lo fabriqu√© yo misma, de joven, cuando exist√≠a la f√°brica de sombreros, que despu√©s quebr√≥ y nos dej√≥ en la calle a las ocho operarias.¬† Tuvimos que volver al campo, a trabajar la tierra y cuidar los reba√Īos.¬† O sea que este sombrero es tan antiguo como yo, o casi.¬† Me lo he quitado porque estoy pasando frente al santo, que tiene una hornacina en ese rinc√≥n del pueblo.¬† Es un santo un poco flojo, que no hace casi nunca los milagros que le pedimos, por m√°s que le hacemos siempre su procesi√≥n, le prendemos velas y le traemos flores.¬† Y, a veces, los hace equivocados, mandando llover cuando le pedimos sol, o una sequ√≠a infernal cuando le rogamos un poco de lluvia.¬† Pero, aunque perezoso y enrevesado, es nuestro santo y, de quererlo, lo queremos.

En mis cientos y acaso miles de a√Īos de vida, yo he visto todo lo que ha pasado en este pueblo.¬†¬† Insurrecciones, matanzas, terremotos, guerras, epidemias, apariciones y pasar muchos gobiernos.¬† Nunca nos fue para mejor, siempre para peor.¬† Pero, eso, por lo visto, tampoco le importa a nadie.¬† No s√≥lo he visto desgracias, tambi√©n cosas bell√≠simas.¬† Como la aparici√≥n de Jes√ļs, en el cuerpo de una ovejita.¬† Se me apareci√≥ a m√≠ solita nada menos.¬† Subiendo del riachuelo donde √≠bamos a lavar la ropa, por las tardes.¬† Ese d√≠a estaba sola y distra√≠da, canturreando, con la ropa doblada sobre mi cabeza, cuando la ovejita, que era el Ni√Īo Jes√ļs en persona, apareci√≥ en mi camino y me cerr√≥ el paso, mir√°ndome con ojos de l√°stima.¬† Al instante supe qui√©n era y ca√≠ de rodillas.¬† Entonces, dio un balido y yo supe que me preven√≠a de algo.¬† Pero, estaba tan conmovida con su aparici√≥n que no entend√≠ bien el mensaje.¬† Despu√©s he pensado que vino a advertirme que no me casara con quien me cas√©, ese bruto del Anselmo que tantas palizas me dio.¬† Menos mal que se muri√≥ todav√≠a joven, atropellado por un cami√≥n luego de una de sus borracheras.

Como esta historia, podr√≠a contar miles.¬† Porque, aunque se me ha olvidado mi nombre y mi edad, muchas cosas recuerdo todav√≠a.¬† Por ejemplo, que ma√Īana habr√° mercado y que me pasar√© todo el d√≠a bajo un toldo, vendiendo cuyes y ma√≠z tostado.

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