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Pablo Corral Vega Andes « pablocorralvega.com

Andes

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Fotografías y texto por Pablo Corral Vega

Mi padre me llevaba, cuando ni√Īo, a pescar en la serran√≠a. El ten√≠a unas botas largas de caucho y se met√≠a hasta la cintura en los r√≠os correntosos. Camin√°bamos mucho y pap√° esperaba,¬† paciente. Yo llevaba mi c√°mara y esperaba junto a √©l. Entonces,¬† yo ya so√Īaba en explorar los Andes. Como adulto cumpl√≠ mi sue√Īo y recorr√≠ toda la Cordillera. Estas fotos fueron publicadas por la revista National Geographic en el a√Īo 2001.

Despu√©s de muchos viajes por los pa√≠ses andinos confirm√© que somos un pueblo mestizo, que a pesar del profundo dolor de la conquista, a pesar de las injusticias y maltratos propios de nuestra sociedad, a pesar de nuestra historia violenta, tenemos los dos mundos ‚Äďel blanco y el indio- incorporados en nuestra cultura, en nuestra vida, en nuestro ser. Y parte de la necesaria reconciliaci√≥n es aceptarnos. Inspirado en esta necesidad de reconciliarme con la historia, y tambi√©n en la necesidad de procesar el dolor personal, escrib√≠ este texto sobre los Andes que nunca fue publicado:

Las sombras de la noche

Todav√≠a me pregunto d√≥nde comienza el pa√≠s de las sombras y d√≥nde el de los vivos. Seg√ļn entiendo,¬† los l√≠mites se borraron hace mucho tiempo, en un cataclismo, un maremoto indecible al que algunos llamaron la conquista espa√Īola: olas cargadas de cruces destinadas a clavarse en el coraz√≥n cobrizo de los √≠dolos.

El instante mismo de su muerte acaecida a varios kil√≥metros de distancia golpe√≥ la ventana,¬† ‚Äú¬Ņhermana, qu√© haces, por qu√© no has usado la puerta?‚ÄĚ, pregunt√≥ mi abuela sorprendida,¬† ‚Äús√≥lo vine a despedirme‚ÄĚ,¬† respondi√≥ la sombra.¬† Para mi abuela no hab√≠a separaci√≥n entre los dos mundos. Cuando yo crec√≠a en mi casa de Quito,¬† compart√≠a el espacio con las almas en pena, las escuchaba subir la crujiente escalera de madera, calculaba sin aliento el corto camino que deb√≠an recorrer hasta mi puerta. En el mundo moderno no hay lugar para el misterio de la noche. Los espectros ahora no se molestan en interrumpir mi camino.

La atenci√≥n que tradicionalmente se prestaba al m√°s all√° en el mundo andino era una manera de reconocer que los antepasados nunca se ausentan del todo. Su trabajo, sus sue√Īos, sus amores y desprecios permanecen con nosotros penetrando la muralla silenciosa de la muerte, despertando nuestra atenci√≥n al pasado, a nuestras ra√≠ces. Si no recordamos a nuestros ancestros, si no recordamos la historia cotidiana construida por personas sencillas, aquella que casi nunca se menciona en los libros, dif√≠cilmente podemos saber qui√©nes somos y hacia d√≥nde debemos ir.

Cuando viajaba en los alrededores de Cusco recordaba a un antepasado, un aventurero que como yo hab√≠a decidido recorrer la Cordillera en alguna misteriosa b√ļsqueda. No se supo a√Īos de su paradero, si hab√≠a perdido la vida en una emboscada o ganado el favor de una moza lozana. Una noche los perros empezaron a ladrar enloquecidos y la familia del extraviado supo que s√≥lo su espectro regresar√≠a.

El Cusco es el coraz√≥n del mundo andino, el eje preciso donde confluyen todas las coordenadas: capa sobre capa, herida sobre herida, mano sobre mano, nostalgia sobre nostalgia, piedra cristiana sobre piedra inca. En mi √ļltimo viaje al Cusco me invadi√≥ una tristeza antigua, inexplicable. All√≠ comprend√≠ que como pueblo tenemos que aceptarnos a nosotros mismos, mirar con dulzura y bondad nuestro mundo mestizo.

El corazón cuando duele

¬ŅTe duele el coraz√≥n, papitico, te duele el coraz√≥n? ¬°Qu√© bello es el coraz√≥n cuando duele! Es como un colibr√≠ que se quiere escapar del pecho, que agita sus alas sin descanso. Esta plaza, la Plaza Mayor del Cusco, la llamamos Huacaypata, es decir¬†¬† ‚Äėencima del llanto‚Äô. Cuando el coraz√≥n duele, papitico, lo colocamos dulcemente encima del llanto, para que se humedezca, para que no lo agriete tanta sequ√≠a.

Esa es la razón por la que se llora, para darle al corazón la humedad que requiere, para que no se derrote y luego se convierta en un pedregal.

¬ŅMe preguntas qu√© remedio se usa para el mal de coraz√≥n? Es facilito, bien facilito. Agarras las flores m√°s chiquitas, esas piti flores, esas tiernitas cuyos petalitos no se han atrevido a asomar y las pones en agua fresca. La ma√Īana siguiente te tomas el ag√ľita.¬† Las flores chiquitas tienen toda la energ√≠a, toda la esperanza, tienen el poder de despertar un brote aqu√≠, un brote all√°.

Pero papitico, no trates de arrancarte el coraz√≥n del pecho. Cuando a ti te duele la mano t√ļ no la tratas de cortar con un cuchillo, cuando te duele la pierna no la dejas botada en el camino. ¬ŅPor qu√© es que cuando te duele el coraz√≥n lo quieres sacar de tu pecho, arrancarlo de un solo golpe? A tu mano la cuidas, la acaricias, a tu pierna le pones ung√ľentos y le das descanso. ¬ŅPor qu√© a tu coraz√≥n lo quieres arrancar de tu pecho? Tu coraz√≥n es m√°s bello cuando llora, necesita ag√ľita de piti flores, necesita ung√ľentos, necesita caricias y descanso. P√≠dele a tu coraz√≥n que llore, ll√©valo a la plaza de Huacaypata y d√©jalo que revolotee como un colibr√≠.

Cuando descubrí la desilusión,  quise subir al monte y envenenarme, como lo hizo mi padre. Lo intenté, pero no pude. Es que me habló el viento.

¬ŅC√≥mo habla el vendaval? Cerca de los precipicios a√ļlla, cerca de las vertientes,¬† canta. El viento es a veces dulce y otras veces se encabrita. Hay que escucharlo, siempre nos dice d√≥nde estamos, d√≥nde esta la quebrada, d√≥nde el manantial.

Así mismo es el agua. El agua también habla si la escuchamos.

Hablan el sol y las estrellas, hablan las plantas rastreras y las trepadoras, habla la tierra, pero,  sobre todo,  habla el viento.

¡Qué bella es la desilusión, papitico! Con el tiempo la herida se convierte en un caprichoso torbellino que reaviva la memoria.

¬ŅHas visto una casa campesina con espejos? El campesino no necesita mirarse, no tiene imagen de s√≠ mismo. Se confunde con la tierra y es¬† implacable como el viento.

¬ŅMe preguntas qu√© son los Andes? Te lo voy a decir. En quechua se le llama Antis o Antisuyo a la Cordillera oriental. Cuando uno se sube a estas cumbres se ve a la distancia unos montes mucho m√°s altos, unos montes rodeados de selva, imposibles de escalar, terribles y misteriosos. Esos son los Antis, los Andis, los Andes. All√≠ en ese lugar lejano y misterioso van a parar nuestros ancestros, all√≠ en ese lugar van a parar nuestras penas.

Mucho se parecen nuestros muertos y nuestras penas, por eso van al mismo lugar. Los muertos siempre dicen¬† ‚Äúme voy, pero volver√©‚ÄĚ, y eso siempre hacen las penas, se van pero siempre vuelven. Y cuando regresan les damos la bienvenida como a parientes extraviados, como a viejos amigos.

¬°Qu√© bella es la tristeza, papitico, qu√© bello es el coraz√≥n cuando llora! Cuando llora es como un colibr√≠ que se va hasta los Antis y conversa con los muertos, y conversa con las penas‚ÄĚ.

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