En los Andes, el ser humano tiene vocaci√≥n de c√≥ndor: subir, trepar las escaleras del aire, volar por encima de las nubes, divisar la tierra all√° abajo, a los pies. Que lo digan, si no, esas ciudades que como Quito, La Paz y Cusco son tan altas…

All√≠ abajo, a la derecha, en esas casitas blancas que parecen copos de nieve al pie de la monta√Īa, vivimos nosotros, las mujeres y los hombres del pueblo de Chalt√©n. No se nos ve, por supuesto. Nosotros somos insignificantes, invisibles…

Aunque el se√Īor es dibujante y pintor, si alguien le preguntara cu√°l es su verdadera vocaci√≥n, sin duda alguna responder√≠a de inmediato, sin vacilar: ‚ÄúHacer feliz a la gente‚ÄĚ. En efecto, nada alegra tanto a ese coraz√≥n suyo que late…

¬ŅPor qu√© me tapo la cara con mi mano derecha? No porque crea que tom√°ndome una foto me vas a robar el alma. Eso creer√°n los tontos y yo no soy una tonta. Me la tapo porque no me gusta que un forastero se ponga a tomarme fotos

El Carnaval es una fiesta pagana y cristiana, religiosa y laica, provinciana y universal. Y el Carnaval de Oruro, en Bolivia, es el mejor del mundo. Porque, durante los carnavales, uno no s√≥lo se divierte, bailando, jugando, cantando…

Patrullar la invisible frontera que separa Bolivia de Chile, en estas soledades heladas, es una obligaci√≥n muy aburrida. Pr√°cticamente no hay nada que hacer, sino encogerse dentro del uniforme caqui, meter las manos en los bolsillos…

Trabajar en las minas de Potos√≠ es cosa de hombres. De hombres pobres, que siempre seremos pobres porque el salario de un minero alcanza a duras penas para sobrevivir, pero hombres muy machos, sin miedo a nada, ni a los diablos…

Mi nombre ya no s√© cu√°l es, se me ha olvidado con los a√Īos. Porque, ah√≠ donde ustedes me ven, soy una mujer viej√≠sima. Tampoco recuerdo qu√© edad tengo, pero eso ¬Ņa qui√©n le importa? Lo que importa es que aqu√≠, en Paucartambo, nac√≠, y que aqu√≠ me morir√©…

Esto no es un cuadro abstracto de un gran pintor moderno enloquecido por la geometr√≠a y las simetr√≠as y ansioso de capturar en su tela la luz azulosa y c√°rdena con que se despide el sol, cada tarde, tras las monta√Īas del Cusco.

Ha muerto un danzante, un c√©lebre bailar√≠n que, por muchos a√Īos, alegr√≥ y dio color a las fiestas del pueblo, con sus pasos √°giles y evoluciones misteriosas y el chis chas de las tijeras que hac√≠a chocar ‚Äďsac√°ndoles chispas- sobre su cabeza.

Como nacemos para morir, la muerte dura mucho m√°s que la vida, y el cemeterio, donde vamos a reposar durante toda la eternidad, es nuestro verdadero hogar. Nuestra vivienda, nuestro barrio, nuestra aldea, son lugares de paso nom√°s…

Con los ojos cerrados, una expresi√≥n contrita, unos devocionarios en las manos y un rosario de cuentas blancas en el cuello, la se√Īora reza al pie de la modest√≠sima tumba de ese cementerio arequipe√Īo, erigido por los pobres en pleno arenal…

Estuve todo el día en la Universidad, siguiendo mis clases de Derecho, y luego en la biblioteca, estudiando y preparando los exámenes. Ahora voy a mi casa a darme una ducha de agua fría y a cambiarme, para ir a trabajar.

Yo soy soldado y estoy orgulloso de serlo. Si hace diez a√Īos me hubieran dicho que un d√≠a andar√≠a rapado y de uniforme, hubiera soltado la carcajada. ¬°Yo, soldado! A m√≠, lo que me gustaba era la jarana, el trago, el baile y, sobre todo, las muchachas.

Un dicho est√ļpido y racista, ‚ÄúNo hay gallinazo en puna‚ÄĚ, se invent√≥ para decir que los negros no podemos vivir en las alturas de los Andes, pues no resistimos la dureza del clima y lo ruda que es aqu√≠ la lucha por la vida.

Lo peor no es un terremoto, sino lo que viene antes y lo que viene después. Lo que viene antes, minutos o segundos antes de que arranque a temblar, es el ruido, un mugido sordo, profundo, que sube del fondo de la tierra y paraliza a las gentes de terror.

Esa torrentera que me moja los pies, a medida que baja por la monta√Īa, crece, se ancha, se encabrita, se despe√Īa en cascadas, forma lagos, y se convierte en un inmenso r√≠o, que, despu√©s de cruzar la selva, ‚Äúsoberbio muere rechazando…

Aracataca no es pueblo perdido, ahogado de calor y olvidado de Dios y de los hombres, entre los desiertos, el mar y las monta√Īas de Colombia. Aracataca es un universo, detr√°s de cuyas fr√°giles viviendas de tablones y calaminas…

No hubo la menor intenci√≥n sacr√≠lega en la due√Īa de este barcito prostibulario de un barrio mal afamado de Medell√≠n. Esta ciudad es conocida en el mundo por los carteles de la droga que all√≠ operan, y por la violencia que a menudo llena sus calles…

Sacar esos b√≠ceps y pectorales me cost√≥ sangre, sudor y l√°grimas. Es decir, horas de horas en el gimnasio haciendo ejercicios, unas dietas estrictas, y quitarme el cigarrillo y el trago. Para tener un cuerpo as√≠, de concurso de esculturismo…

En ocasiones, cuando necesito regresar a la casa primera, la casa centro y referencia, aquella donde se gesta la identidad, viajo a un lugar en las monta√Īas que est√° siempre por encima de las nubes. All√≠ me olvido por un momento…