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Pablo Corral Vega Libro Andes « pablocorralvega.com

Las ficciones de Mario Vargas Llosa

Advertencia

Los textos que aparecen a continuación no son descripciones objetivas de las fotos a las que acompañan. Son fantasías, ficciones, invenciones, inspiradas en las imágenes tomadas por Pablo Corral en su recorrido por los Andes. No pretenden dar una información exacta sobre el contenido de las imágenes, sino recrear, con ayuda de la imaginación, el contexto psicológico, social y cultural que inspiró al artista. Para escribirlos, he trabajado con la misma libertad con que lo hago cuando escribo una novela: cotejando la realidad con mis propios fantasmas y dejando que de esa alianza de realidades disímiles vaya surgiendo una nueva realidad, con ayuda de las palabras. Quisiera añadir que el mundo de los Andes no me es ajeno. Nací en Arequipa, una ciudad de la sierra del Sur del Perú, famosa por sus volcanes y terremotos, cuyas casas antiguas y templos están hechos de sillar, que es la lava petrificada. Y pasé mi infancia en Cochabamba, una ciudad de la sierra boliviana, cuyo paisaje es el primero que registró mi memoria. Y, desde entonces, aunque he vivido luego sobre todo en la costa , vez que he vuelto a escalar los Andes, y respirar su aire purísimo, y sentir que se me encrespaba un poco la sangre con la altura, he tenido la sensación del hijo pródigo, cuando volvió al hogar y la memoria le hizo reconocer la tierra natal y las gentes queridas.

Mario Vargas Llosa

En los Andes, el ser humano tiene vocación de cóndor: subir, trepar las escaleras del aire, volar por encima de las nubes, divisar la tierra allá abajo, a los pies. Que lo digan, si no, esas ciudades que como Quito, La Paz y Cusco son tan altas…

Allí abajo, a la derecha, en esas casitas blancas que parecen copos de nieve al pie de la montaña, vivimos nosotros, las mujeres y los hombres del pueblo de Chaltén. No se nos ve, por supuesto. Nosotros somos insignificantes, invisibles…

Aunque el señor es dibujante y pintor, si alguien le preguntara cuál es su verdadera vocación, sin duda alguna respondería de inmediato, sin vacilar: “Hacer feliz a la gente”. En efecto, nada alegra tanto a ese corazón suyo que late…

¿Por qué me tapo la cara con mi mano derecha? No porque crea que tomándome una foto me vas a robar el alma. Eso creerán los tontos y yo no soy una tonta. Me la tapo porque no me gusta que un forastero se ponga a tomarme fotos

El Carnaval es una fiesta pagana y cristiana, religiosa y laica, provinciana y universal. Y el Carnaval de Oruro, en Bolivia, es el mejor del mundo. Porque, durante los carnavales, uno no sólo se divierte, bailando, jugando, cantando…

Patrullar la invisible frontera que separa Bolivia de Chile, en estas soledades heladas, es una obligación muy aburrida. Prácticamente no hay nada que hacer, sino encogerse dentro del uniforme caqui, meter las manos en los bolsillos…

Trabajar en las minas de Potosí es cosa de hombres. De hombres pobres, que siempre seremos pobres porque el salario de un minero alcanza a duras penas para sobrevivir, pero hombres muy machos, sin miedo a nada, ni a los diablos…

Mi nombre ya no sé cuál es, se me ha olvidado con los años. Porque, ahí donde ustedes me ven, soy una mujer viejísima. Tampoco recuerdo qué edad tengo, pero eso ¿a quién le importa? Lo que importa es que aquí, en Paucartambo, nací, y que aquí me moriré…

Esto no es un cuadro abstracto de un gran pintor moderno enloquecido por la geometría y las simetrías y ansioso de capturar en su tela la luz azulosa y cárdena con que se despide el sol, cada tarde, tras las montañas del Cusco.

Ha muerto un danzante, un célebre bailarín que, por muchos años, alegró y dio color a las fiestas del pueblo, con sus pasos ágiles y evoluciones misteriosas y el chis chas de las tijeras que hacía chocar –sacándoles chispas- sobre su cabeza.

Como nacemos para morir, la muerte dura mucho más que la vida, y el cemeterio, donde vamos a reposar durante toda la eternidad, es nuestro verdadero hogar. Nuestra vivienda, nuestro barrio, nuestra aldea, son lugares de paso nomás…

Con los ojos cerrados, una expresión contrita, unos devocionarios en las manos y un rosario de cuentas blancas en el cuello, la señora reza al pie de la modestísima tumba de ese cementerio arequipeño, erigido por los pobres en pleno arenal…

Estuve todo el día en la Universidad, siguiendo mis clases de Derecho, y luego en la biblioteca, estudiando y preparando los exámenes. Ahora voy a mi casa a darme una ducha de agua fría y a cambiarme, para ir a trabajar.

Yo soy soldado y estoy orgulloso de serlo. Si hace diez años me hubieran dicho que un día andaría rapado y de uniforme, hubiera soltado la carcajada. ¡Yo, soldado! A mí, lo que me gustaba era la jarana, el trago, el baile y, sobre todo, las muchachas.

Un dicho estúpido y racista, “No hay gallinazo en puna”, se inventó para decir que los negros no podemos vivir en las alturas de los Andes, pues no resistimos la dureza del clima y lo ruda que es aquí la lucha por la vida.

Lo peor no es un terremoto, sino lo que viene antes y lo que viene después. Lo que viene antes, minutos o segundos antes de que arranque a temblar, es el ruido, un mugido sordo, profundo, que sube del fondo de la tierra y paraliza a las gentes de terror.

Esa torrentera que me moja los pies, a medida que baja por la montaña, crece, se ancha, se encabrita, se despeña en cascadas, forma lagos, y se convierte en un inmenso río, que, después de cruzar la selva, “soberbio muere rechazando…

Aracataca no es pueblo perdido, ahogado de calor y olvidado de Dios y de los hombres, entre los desiertos, el mar y las montañas de Colombia. Aracataca es un universo, detrás de cuyas frágiles viviendas de tablones y calaminas…

No hubo la menor intención sacrílega en la dueña de este barcito prostibulario de un barrio mal afamado de Medellín. Esta ciudad es conocida en el mundo por los carteles de la droga que allí operan, y por la violencia que a menudo llena sus calles…

Sacar esos bíceps y pectorales me costó sangre, sudor y lágrimas. Es decir, horas de horas en el gimnasio haciendo ejercicios, unas dietas estrictas, y quitarme el cigarrillo y el trago. Para tener un cuerpo así, de concurso de esculturismo…